miércoles, 22 de octubre de 2008

El timo de la estampita

Tengo un amigo al que no le paran de suceder cosas extrañas. Estoy por llamar al Iker Jiménez para que le haga un seguimiento.

Sin ir más lejos, el otro día recibí un correo electrónico de él donde me relataba su última vivencia. No sé que pensar. Quizás sea todo mentira, quizás sea verdad, o quizás una leyenda urbana de esas que corren por internet. El me ha jurado y perjurado que era cierto.

“Me encontraba en el parking del Carrefour y se me acercaron dos tías buenísimas. Yo creo que tendrían entre 24 y 25 años, pero eso es lo de menos. La cuestión es, que mientras yo esperaba que la lucecita del diesel se pusiera verde, ellas empezaron a limpiarme el parabrisas, y mientras lo hacían pude ver sus pechos que se balaceaban a derecha e izquierda siguiendo los rítmicos movimientos de sus manos.

Un poco turbado salí del coche para agradecerles el trabajo y les quise dar cinco euros, pero ellas renunciaron y me pidieron que las llevara a la otra punta de la ciudad. En ese momento pensé que se trataban de dos participantes de un concurso tipo Pekín-Express y por eso no me negué a llevarlas. ¿Quién podía desconfiar de unas dulces gacelas? Total, que una se subió atrás y la otra en el asiento del acompañante.

Ya en el primer semáforo pude ver como la de atrás le metía la mano bajo la camiseta a la otra, y claro, el mi muelle saltó. Creo que la que se sentaba delante se dio cuenta, pues con una habilidad inusual, como si lo hubiera hecho mil veces, me bajo la cremallera del tejano y rebuscó por dentro del pantalón. Lo que pasó te lo puedes imaginar que tampoco es cuestión de escribir un relato erótico a un amigo.

Lo que no supe hasta que llegué a casa es que, mientras la otra me robaba la bolsa del pan, los yogures, las latas de conserva, en definitiva todo lo que pudo meter en su bolsa de viaje. Por eso, agradecido por el segundo trabajo del día, las dejé donde me dijeron y con una sonrisa de oreja a oreja me fui a casa.

Lo peor de todo es que me han robado la compra del martes, la del miércoles, la del jueves dos veces y probablemente me roben la de mañana por la tarde.”

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