lunes, 20 de abril de 2009

El chino, Henning Mankell



Pues ya veis que tengo un poco abandonado el tema, pero como ya os comenté, es mala época para mí. Casi sin tiempo de leer, a paso de tortuga, pero firme, voy pasando páginas intentando disfrutar de la lectura.
El comentario que os presento hoy es de un libro que podríamos decir, está fuera de la órbita de lo que conoceríamos de Henning Mankell, aunque tampoco sería del todo justo, ya que Mankell aprovecha muy bien sus continuos viajes a Mozambique para recrear parte de su historia. Siendo sincero, creo que no es necesaria dentro de la novela, pero ya se sabe que los autores tienen libertad absoluta para decir poner énfasis en aquello que creen oportuno. Siendo superflua para mí como lector, no lo es en absoluto para el autor, ya que acaba el libro haciendo una referencia explicita a aquello que quería contar y sucedía en Mozambique.
El libro empieza con gran ritmo y te engancha en su primera parte (decir que el libro está dividido en cuatro partes). Allí sucede y se explica lo que un lector de novela negra quiere encontrar.
La segunda parte se centra más de un siglo antes que la primera y diría que es la excusa de la historia y la que da el nombre a la historia. Está bien, aunque en algunos momentos quisieras que sucedieran más cosas y que no se repitieran ciertos actos, aunque puedo entender que el autor los necesita para dar una cierta fuerza a los actos de los personajes.
La tercera parte y la mitad de la cuarta, me parecieron larga, lenta. Sentí que la primera parte estaba tan lejos que casi me había olvidado de ella. Demasiado Mao, demasiadas explicaciones del mundo chino. Creo que demasiado de todo para llevar la novela al final que se intuye y que encuentro pequeño para tan magno asesinato.
En definitiva, no está mal del todo, pero tampoco es para ponerlo en la pila de los buenos libros.
No es el mejor libro para introducirse en Mankell.
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Sinopsis (extraída de la contraportada)
Una helada mañana de enero de 2006, un fotógrafo hace un descubrimiento aterrador: en el pueblecito sueco de Hesjövallen aparecen brutalmente asesinadas diecinueve personas. La policía sospecha que es obra de un perturbado; pero la jueza Birgitta Roslin, que se interesa por el caso en cuanto sabe que entre las víctimas figura la familia adoptiva de su madre, sostiene otra teoría. Una cinta de seda roja encontrada en la nieve le pone en la pista de un sospechoso llegado de fuera, y de una inquietante trama oculta que parece arrancar en Pekín. Birgitta ignora que todo se remonta a una vieja historia del año 1860, cuando miles de chinos fueron llevados a Estados Unidos a trabajar casi como esclavos en la construcción del ferrocarril en la costa oeste. Las consecuencias de esa dramática odisea, encarnada en los descendientes de los hermanos Wu, San y Gou Si, llegan hasta la conflictiva pero poderosa China del siglo XXI, donde cruentas luchas de poder en el seno del Partido Comunista Chino están decidiendo el futuro del país a las puertas de los Juegos Olímpicos. Pero su persecución del asesino, en solitario y al margen de la policía, se interrumpe en cuanto Birgitta siente en la nuca el aliento frío de quienes quieren acabar con su vida.

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