viernes, 1 de junio de 2012

El cazador de striges de Soizik Stiwell


Darío Vilas compagina su trabajo como escritor con el de coordinador de varias colecciones, entre ellas la Colección Pulp Ficcion de la editorial 23 escalones.
El cazador de Striges de Soizik Stiwell (pseudónimo) es el tercer número de la colección y pretende llenar ese hueco que dejaron las novelas de bolsillo pulp de antaño.
Personalmente creo que es una buena apuesta editorial, sobre todo por su cuidado formato y como no, por su atrayente precio: 3,50 €. Además, puede ser una buena plataforma para desconocidos escritores que quieren darse a conocer, aunque el de la reseña de hoy es un poco especial al ser un pseudónimo. Pero, ¿cuántos escritores no se ganaron sus primeras pesetas con libros de bolsillo? Por poner un ejemplo, el de Alberto Vázquez-Figueroa, que bajo el nombre de Kimberlye publicó varias novelas entre 1981 y 1988.
No he podido dejar de indagar sobre “el autor” del libro y, casi por casualidad, me he encontrado con una web que habla de Soizik, como una gran apasionada por el folclore y la mitología, sobre todo si tiene un comportamiento siniestro. Por lo que parece, quién lo escribe es la persona que hizo de enlace entre la escritora y Darío para que la novela viera la luz. Y para darle un poco más de romanticismo a la cosa, parece ser que dicha persona y la escritora, con raíces españolas, se conocieron en Normandía. Como veis, una bonita historia que llegó a buen puerto.

Y he continuado indagando, esta vez me he querido informar de los orígenes de la palabra striges (espero que me perdonen los lingüistas por mi rápida búsqueda, pero creo que puede resultar interesante).
Por lo que parece, es sus inicios significó búho. En el folklore se consideró al búho como un ave de mal agüero que se alimentaban de carne y sangre humana.
Luego pasó a ser el nombre de un ser imaginario femenino que se asociaba con las brujas. También se transformó en Strigoi (vampiro en rumano), o Strega (bruja italiana).
Creo que os podéis hacer una perfecta imagen de lo que encontraréis en las 99 páginas de esta novela corta, nominada a la premio Cultura Hache 2012.

Y si no habéis tenido suficiente explicación, he extraído un pequeño fragmento de la novela que os puede abrir un poco más los ojos:

«Al igual que las ratas llevan consigo la plaga, los Stripes tienen en su sangre ponzoña suficiente para convertir el mundo en un osario. Pero a diferencia de aquellas, […] las sugginas no tienen barreras naturales que acoten su maldición.
Son cadáveres poseídos por una sustancia demoníaca que no permite el descanso eterno.»

Una de las cosas que más me han gustado de la novela es su ambientación inicial en esa España profunda, rural, aislada, donde las leyendas van de boca en boca, donde los miedos se hacen perpetuos, donde la superstición está en la calle, donde los monstruos se cuelan por las chimeneas. Y es allí donde un cazador de striges tiene terreno abonado para actuar.

Una historia de vampiros,  y cazadores de vampiros; de maestro y alumno, como es el caso de Lorien, que perderá a su familia por culpa de los striges y que será acogido bajo el manto de Gorgonio, el cazador. Muy entretenidas las lección que le da éste al alumno y cómo irá aprendiendo con casos reales.

Su lectura no es fácil, sobre todo pasada la mitad de la novela cuando lo onírico se hace más presente y el lector tiene que poner sus cinco sentidos para no perder detalle. Quizás esa parte sea la más oscura a mí entender.
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