jueves, 5 de julio de 2012

El Manantial de Alejandro Castroguer



Hace tiempo que se cruzó en mi camino Alejandro Castroguer y fue de una forma bastante azarosa. Estaba leyendo un artículo del compañero Cosnava donde explicaba que existían bastantes autores que escribían bajo seudónimo y que Alejandro era uno de ellos, lo que me intrigó, pero es que además, el articulista lo dejaba por las nubes comentando que era uno de los diamantes en bruto de la nueva literatura española. Estaba claro que me tenía que apuntar ese nombre.
Pocos meses después, el azar hizo que me leyera una antología de relatos foscos titulada, Tenebrae, donde Alejandro participaba con un relato, El noctívago demacrado. Su lectura me dejó con los ojos abiertos como platos. Aquel autor me había atrapando en su red invisible literaria.
Y fue el twitter quién hizo el resto. Empecé a seguirlo (@AleCastroguer) y pude comprobar que era un twitero muy activo y comprometido con la sociedad en la que vivimos, además de hacernos seguir al minuto el avance de su nueva novela: El Manantial.
La curiosidad fue creciendo a medida que iba publicando los tweets. Tenía que leer esa novela, tenía que acabar con el embrujo provocado por el malagueño.
Os he de confesar que un cierto temor se instauró en mí por aquello de las expectativas generadas (y que más de una vez os he contado), pero fue un espejismo que se evaporó con las primeras páginas.
El Manantial, no me ha defraudado en ningún aspecto.

La portada ya avisa de que el contenido la novela es muy duro y explícito en algunos momentos. Y lo es. Esto puede hacer que muchos lectores ávidos de sexo, tripas, sangre y sesos se acerquen a la novela, pero también puede hacer que otros muchos ni se planteen la posibilidad de leerla. Para los primeros comentar que le han llamado porno-gore; o que han dicho que «El marqués de Sade firmaría muchas de las escenas»; o incluso que, «No hay nada más terrible que la imaginación desatada por su lectura»; o que «es el libro más violento que ha leído en su vida, después de Vacas de M. Stokoe». Seguro que os podéis hacer una idea de lo que os encontraréis, pero no os asustéis. Los segundos también os podéis acercar a ella. Si tenéis ganas de leer una buena historia, una novela con ritmo, con una buena construcción, bien argumentada, con buenos personajes, El Manantial os puede interesar.
Le he dicho muchas veces y no me cansaré de repetirlo: tenemos la suerte de contar con muy buenos escritores en España que son capaces de reinventar, de darle una vuelta de tuerca más al género zombi. Alejandro es uno de ellos y El Manantial no es un libro más sobre zombis. Tiene una vida propia y es por ello que merece ser leída.

Creo que el mayor acierto de la novela se basa en la construcción de ella misma a partir de los personajes. El tiempo se ha parado para Abel y Verona cuando tenían tan solo cinco años de edad. ¿Qué sabe de la vida un niño de cinco años? El tiempo transcurre. Vosotros os los encontraréis con casi veinte. Quince años encerrados entre las paredes de un instituto. ¿Qué conocimientos han podido adquirir y de que forma? Alejandro no enseña que lo que saben lo han aprendido mediante juegos y durante gran parte de la primera parte de la novela conoceréis esos juegos, y estoy seguro que algunos no os gustaran. Pero ahí radica el acierto, en saber explicar el proceso de aprendizaje de los protagonistas sin cansar al lector, y de hacer que esos juegos-aprendizajes, sean creíbles.

Muchas veces decimos que no enamoramos de los personajes o que los odiamos, pero en El Manantial, no sé a vosotros que os sucederé, pero a mi me han producido mucha lástima y compasión. Y con ello no quiero decir que comulgue con lo que hacen, que está claro que no, ni que lo justifique, pero en cierta forma lo puedo llegar a entender. De ahí, que delante de tanto horror no me pueda decantar por el amor o el odio de forma general.

El Manantial nos enseña que el mal está dentro de nosotros de forma innata y que tan solo se tienen que dar las condiciones adecuadas para que pueda salir al exterior, para que pueda fluir. Algunos lo podrán controlar, otros no.
La eterna lucha del bien contra el mal, sin filosofadas, simplemente dejando que las cosas ocurran de forma natural. ¿Podría existir para los personajes otro camino? Seguro que sí, pero la sobreprotección de los adultos (padre) hace que el camino solo pueda ser uno.
No es un mal gratuito, no es el mal por el mal. Para Verona y Abel es una cosa natural.

Alejandro sabe crear dos anclas, con mucho acierto, que os acompañaran durante toda la lectura. La primera es una canción,  The End del grupo The Doors y la segunda, una antología de relatos, Marcovaldo de Italo Calvino. Las escenas se van sucediendo, pero todas ellas en algún momento tienen ese anclaje, esa red invisible, ese Bosón de Higgs. La canción más haya de apaciguar a las fieras, las despiertas; los relatos sí que las consiguen dormir. Es la parte más dulce de la novela y sin la que uno de los personajes no podría subsistir y quizás el propio lector que se siente intrigado por su lectura.

Otro acierto del autor es que una vez publicada la obra, sigue picando-interactuando con sus lectores con preguntas como: ¿Has conseguido encontrar El Manantial? ¿Sabrías situar la novela en el tiempo? ¿Sabría encontrar su localización? Esas tres preguntas están generando un poco de debate y hacen que te fijes un poquito más en los detalles de la novela. Yo he resuelto las dos primeras, pero está claro que no expondré aquí mi opinión al respecto para no romper la magia creada por el autor. Es un pequeño reto que os lanza el autor.

En definitiva, y para acabar, creo que El Manantial es una novela recomendable, con todas las advertencias explicadas, sobre todo para conocer a su autor que estoy seguro, seguirá dando que hablar en el futuro.

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