miércoles, 2 de enero de 2013

Invierno Ártico de Arnaldur Indridason

Feliz entrada de año ante todo y como veis de nuevo en el Camino.

El pasado año mi primera entrada fue la reseña de una magnífica novela negra El Síndrome E de Franck Thilliez, y quizás llevado por el buen año lector que tuve, he decidido que este 2013 también lo quiero inaugurar de la misma forma: reseñando una novela negra, Invierno Ártico (RBA, 2012) de Arnaldur Indridason.

Fue en 2011, mientras visitaba a unos amigos en Madrid, cuando, por pura casualidad,  descubrí a este autor islandés. Reseñé su primera novela el 23 de marzo de 2011 y casi del tirón, me leí las otras tres que tenía publicadas hasta el momento en España (la última reseñada el 2 de mayo 2011). Como podéis comprobar me dio muy fuerte por el autor.
En septiembre de 2012 nos llegó la quinta entrega (publicada en 2005 en Islandia) y me resistí a abalanzarme sobre ella. Creo que ya estaba pensando que la leería en algún momento especial. Y eso momento ha llegado.

Pero entremos en materia. El inicio de la novela es muy lento. Demasiados interrogatorios que no llegan a ningún sitio y poca continuidad de los personajes de la serie. Y cuando digo el inicio no me limito a decir que son 50 páginas. No hasta pasada la mitad de la novela que la cosa se comienza a poner interesante, pero, y me sabe mal decirlo, no es para tirar cohetes.

Una serie necesita de una continuidad, de un avanzar de los personajes principales, pues son ellos los que nos atrapan y nos hacen leer una tras otras las novelas. Creo que en esta serie la cosa se ha quedado un poco corta (después desarrollaré un poco más este punto).

De lo que no se queda corta es de la reflexión que no plantea Arnaldur: ¿Se quedará algún día Islandia sin islandeses propiamente dicho? ¿Cuántos árboles son necesarios para tener un bosque? Por lo que parece, la inmigración es un tema que preocupa en Islandia y el autor lo utiliza como hilo conductor de la novela. Otros temas adyacentes son la pederastia, la adopción (por lo que parece la población tailandesa de Islandia tiene que ser importante), la educación que se da en las escuelas y la interacción de algunos profesores radicales con sus alumnos, la drogadicción, la soledad,…

Por lo que respeta a los personajes principales, Erlundur, sigue con lo mismo, el trauma y muerte de su hermano cuando eran pequeños, el problema de adicción a las drogas que tiene su hija, la incomunicación tanto con su hija como con su hijo y su separación matrimonial. No avanza ni un solo paso en esta nueva entrega. Todo sigue igual. Incluso su nueva relación y que tanto juego dio en anteriores novelas, pasa a un segundo plano con dos o tres llamadas telefónicas testimoniales entre los amantes.
Sigurdur, el inseparable compañero de Erlundur, sigue sumergido en sus problemas matrimoniales y están donde lo dejaron con un conflicto matrimonial por no poder tener hijos propios al que se le suma el dilema de la adopción.
Lo único destacable en relación a los personajes es cuando Erlundur se da cuenta que no conoce a Sigurdur como debería conocerlo creando un pequeño clima de desconfianza, pero vaya, sin llegar a más.
Creo que el escritor tendría que trabajar y desarrollar todas estas tramas por el bien de la serie y de sus lectores, ya que pueden llegar a agotarlos al leer más de lo mismo sin emoción. Ya le sucedió un poco en su cuarta entrega. Empiezo a ver señales de alarma y es una lástima, pues me deslumbró con sus tres primeras entregas. El problema es que ya están escritas once novelas de la serie. Nos encontramos ante la séptima (pues las dos primeras no han sido traducidas a día de hoy), y por mucho que le podamos decir, poca cosa podemos hacer.

Lo mejor de la novela es su frenético final, muy típico de las novelas nórdicas, aunque la resolución es un tanto decepcionante. Esperaba mucho más (implicación de ciertos personajes para darle un sentido de círculo cerrado).

En definitiva, no estoy demasiado contento, pero tampoco tan descontento para no seguir leyendo las siguientes entregas.
Arnaldur, ni para ti, ni para mí. Tablas.


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