viernes, 28 de junio de 2013

Prométeme que serás delfín de Amelia Noguera


Llegué a Prométeme que serás delfín de Amelia Noguera a través, primero de la lectura de la reseña de Pedro del blog El Buhó entre libros, y más tarde mediante una lectura conjunta que el mismo Pedro organizó en su blog.

Leer la novela de Amelia ha sido difícil para mí en muchos momentos, ya que trata temas educativos que me tocan muy de cerca y lo hace sin tapujos, de forma desgarradora, con el corazón en la mano. Tengo que suponer que Amelia ha vivido el caso que nos presenta en primera persona y que sabe bien de lo que habla, pero como digo, al verlo desde mi prisma experimental, pienso que o se ha llevado demasiado al límite de la ficción o la injusticia y los educadores que se encontraron en su camino son de los que hacen daño de verdad a la Educación y tienen que ser erradicados de inmediato.

Prométeme que serás delfín es una extraña novela negra, ya que en muchos momentos es gris al convertirse en una crítica de principio a fin sobre el sistema Educativo, el sistema Sanitario, el gobierno, los recortes…es en definitiva una novela arriesgada; es como las letras de los cantautores de los ochenta: una novela protesta, una novela enrabietada, una vivencia infernal y que llega a perder el norte de lo negro por lo crítico.
Me hubiera gustado más disfrutar de la investigación, de los críos que la llevan a cabo y no tanto del padecer del Trastorno de déficit de atención con hiperactividad (TDAH) que sufre una de las protagonistas y que centra la mayor parte de la novela y esa rabia que demuestra la autora por los Educadores poco profesionales.

Es bonita la metáfora del título y que intenta compensar la maldad de la maestra que será asesinada en la novela:

«Tenéis que ser delfines: inquietos, creativos, inconformistas, valientes. Ahí está la solución para esta sociedad egoísta.»

Cuántos delfines ocultos existen en nuestras clases, y que difícil que salgan a la luz con una educación basada en los conocimientos y no en las capacidades. Todavía queda mucho por recorrer, pero creo que el camino se está haciendo y que nuestras aulas se están poblando de niños y niñas delfines, de profesores y maestros delfines, personas que tienen que poner su granito de arena para que el mundo en que vivimos cambie.
Está claro que la parte metafórica es la que más me ha gustado de la novela, pero existen algunos claroscuros como lector. Ese intento por compensar el mal con el bien, y digo intento porque para mí no lo consigue. El mal es tanto, se llega tan lejos en lo que se hace (y lo digo desde mi experiencia) que es casi imposible poderlo compensar y de ahí que haya sufrido pensando que existen o pueden existir educadores así. He convivido con alumnos con TDAH y creo que han sido tratados y llevados por el departamento de psicopedagogía del centro con exquisitez (como todos los niños); de ahí que me frotara continuamente los ojos al leer según que vivencias.

Una novela que para mí va de más a menos, o quizás, y vuelvo a insistir, mi lastre era tanto que así lo he vivido. Con un comienzo interesante donde esperas las investigaciones, el porqué, el cómo, y que poco a poco se van difuminando con la dura historia de Sofía y su TDAH.

En definitiva, esperaba mucho más de su lectura, que fuera algo más negra y menos canción protesta, pero una cosa es lo que yo esperaba y otra lo que la novela aporta que es mucho al denunciar las injusticias que señala y haciéndolo de forma amena.


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