martes, 18 de junio de 2013

Tokio Año Cero de David Peace


Agotado, extenuado, hacía tiempo que no acababa así después de una lectura.

Ya me lo habían advertido, David Peace no es un autor fácil, pero no pensé que me costara tanto ir siguiendo el ritmo de la lectura de Tokio Año Cero.
Quizás no sea la mejor novela para conocer al autor, no lo puedo asegurar ya que no he leído antes nada de él, pero por lo que me comentan, creo que no estaré muy lejos de la verdad en ese razonamiento.
Me he quedado con un regusto un tanto amargo al finalizar la lectura. No sé, quizás esperaba algo más, o quizás esa doble personalidad atormentada del protagonista me ha llevado con él al agujero de sus miedos. Y es que si encaráis la lectura veréis que casi continuamente iréis leyendo una línea del presente de la acción y otra, en cursiva, de los tormentos, de los pensamientos, de los sufrimientos del protagonista. Eso ha provocado que mi lectura fuera a tropicones y que en algunos momentos no tuviera ni ganas de volver a leer por su dureza. Pero a la vez creo que el autor ha querido generar un ambiente claustrofóbico para un escenario que lo tuvo que ser, y mucho.

¿Y cuál es ese escenario? La novela se inicia el día de la no-rendición de los japoneses en 1945 para dar por finalizada la Segunda Guerra Mundial. No había leído nunca el discurso del Emperador japonés del momento, pero entiendo como se sintió la población al escucharlo: descolocada, no-humillada, no-rendida, no-perdida, sin norte, sin sur, sin lugar en su propio país. Sabéis que en Japón la palabra rendición es tabú y que antes de rendirse es mejor quitarse la vida. El Emperador, con un discurso nada claro, da por sentado que se han rendido, pero sin decirlo. De esa manera permite salvar la vida de todo un país que estaba preparado para morir si hacía falta por el honor de Japón.

«Si nunca te han derrotado y nunca has perdido. Si nunca en la vida te han derrotado. Entonces no conoces el dolor.»
La firma de la rendición. 2 septiembre 1945
Y mientras las tropas aliadas se hacen con el país, algunos depravados aprovechar el desgobierno para violar y matar a sus anchas. ¿Quién se encargará de los casos? ¿Quién investigará? Las fuerzas de la policía están mermadas y «nadie es lo que parece ser».
Las mujeres japoneses dan sexo a cambio de comida, sexo a cambio de cigarrillos para luego venderlos como si de oro se tratara. Burdeles con más de 3000 niñas y mujeres que satisfacen los deseos carnales de las tropas aliadas, y porqué no decirlo, de algunos japoneses que se encuentran en una posición desahogada, o que por su estatus, llamase policías, puede forzarlas a tener sexo con ellos.
Se tiene la sensación en el país que se está a punto de perder una generación. Que Japón no volverá a ser de los japoneses. Que los próximos nacimientos no tendrán sangre japonesa. Los hombres nipones lo viven con impotencia. Ellos no pueden ofrecer más que lo aliadas. Nervios, tensiones, agobiaos, locura, todo ello generado por la no-rendición, por no saber dónde se encuentra uno. Y llega el caos, las muertes, las violaciones.

Creo que no genero ningún spoiler si os comento que es una novela basada en hechos reales, aunque yo lo he descubierto al final de la lectura. Ahora entiendo muchas de las aberraciones, de los dramas, de la dureza del texto. Ya se dice que la realidad supera a la ficción. En este caso estoy totalmente de acuerdo.

Tokio Año Cero requiere un trabajo por parte del lector. Yo hasta el momento no había leído nada igual con los flashbacks continuos de la guerra, con las onomatopeyas que nos muestran el continuo ruido de fondo que tuvieron que soportar los nipones en la reconstrucción que sume aún mas si cabe a los habitantes en un entorno claustrofóbico.

Y para ir cerrando la reseña.
Tokio Año Cero es una novela negra poco convencional. Dicen que bebe de Ellroy, cosa que no puedo asegurar al no haber leído al autor, y de Murakami, cosa que me sorprende un poco, ya que de este sí que lo he leído todo y…no creo que Peace se le parezca.
Tokio Año Cero es una novela lenta, sin sobresaltos, llena de disculpas, de reverencias, con una trama complicada, muy oscura y absorbente, y esto último no por la ganas de leer, sino por el trabajo que conlleva leerla.

¿Volveré a leer a David Peace? No lo sé. Ahora mismo, después de lo que he pasado con Tokio Año Cero no quiero ni planteármelo.

¿Y vosotros, os atreveréis con esta novela?
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