martes, 11 de febrero de 2014

La fragilidad del neón de Juan Laborda Barceló


 SINOPSIS
A menudo olvidamos la fragilidad de nuestras democracias. Y es que el exceso de opiniones y de puntos de vista no significa necesariamente que sostengamos un sistema político abierto. A veces, todo pende de un hilo y apenas podemos imaginarlo. 

Ramón Sandoval, un inmigrante español refugiado en París, trabaja como chófer tras perder su particular guerra en España. Pero la capital francesa en 1961 no es un paraíso. El conflicto argelino aviva los peores resentimientos en algunas facciones del ejército que amenazan con derrocar la democracia bajo el pretexto del colonialismo. 

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Está claro que lo mejor que puede hacer un lector es no cerrarse a ningún género, no cerrarse a ningún escritor, no cerrarse a descubrir propuestas.
¿Y por qué digo todo esto? Por las agradables sorpresas que me estoy llevando con el continuo descubrir de buenos escritores con buenas historias que contar.
Quizás decir sorpresa denote que no confiaba en que la pluma de Juan Laborda Barceló, pero no es así. Digo sorpresa porqué no había leído narrativa del autor, aunque sí lo seguía desde hace tiempo en twitter y leía sus magníficas reseñas, pues Juan, es un colaborador asiduo en medios culturales, historiador de formación y amante de la literatura y el cine por vocación. Como veis un hombre polifacético que ha sabido explotar de forma magistral sus cualidades vocacionales y formativas en esta, su primera gran novela, La fragilidad del neón.

«Nunca imaginamos que ganar la frontera fuese, en realidad, abrir la puerta del infierno.»

Me gustan las novelas que tienen diferentes lecturas, esas que dan para debatir si son o no son.
Os diré lo que seguro que es La fragilidad del neón, es una magnífica novela histórica que podríamos decir se centra en un momento bastante concreto, 1961, con diferentes ubicaciones (luego hablamos sobre ello), pero que se abre para escarbar en hechos anteriores a ese momento y que son importantes para saber como se ha llegado hasta allí.
Pero por otro lado, y ahora la cosa es muy subjetiva, creo que La fragilidad del neón es una magnífica novela negra por la construcción de sus personajes, sus ambientes, sus reflexiones.
Todos y cada uno de los personajes que nos encontramos en la novela están derrotados, agotados, agobiados, son en definitiva perdedores en el juego de la vida e intentan sonreír para disimular y seguir viviendo. Pero algunos, bajo el influjo parpadeante del neón de un burdel, tiene deseos de acabar con todo de una vez disparándose un tiro en la cabeza.

«El tiempo es el gran disolvente universal, diluye tanto los más empeñados odios como los grandes amores. »

La novela tiene muchos aciertos. No os hablaré de todos, pues sería agobiaros y siempre pienso que es mejor descubrirlos, pero sí de los principales.
El primero son sus personajes. Juan hace una magnífica elección de personajes reales y personajes ficticios para montar sobre ellos la historia que nos quiere contar, para poder hacernos llegar sus intenciones.
¿Quién podría pensar que un chofer podría ser el protagonista de semejante historia? Grandes. Considero grandes a los escritores valientes que a partir de un pequeño personajes montan una gran historia y la convierten en negra sin ser un detective, un policía,…Y que decir de la actriz de cine alrededor de la cual se generan todos los intríngulis de la trama (y no explico más). Es curioso como una novela despliega sus tentáculos para atraparte en su lectura. Supongo que esa sinfonía bien orquesta donde todos y cada uno de esos personajes tienen su papel, pero sobre todo su fuerza, incluso los secundarios como Rafael o Manuel que son la metáfora de las intenciones del autor: la verdadera razón de ser de La fragilidad del neón.

«Hay causas más poderosas que la tierra, están los ideales, la justicia»

Os he dicho que hablaría de los escenarios. Que decir tiene que una novela ambientada en París tiene todas las de ganarnos y más si has estado allí. Juan no hace recorrer calles, parques, plazas, de una forma muy cinematográfica; yo he tenido la sensación de estar allí, de ser el narrador de la historia, de vivirla en primera persona. Es de agradecer que con pocas descripciones las imágenes sean tan nítidas.
Y luego tenemos el desierto. Ese mar de arena lleno de espejismos y dónde se desarrollará una parte importante de la novela, el conflicto bélico, las reflexiones bajo las estrellas.

«La mirada de un muerto le había hecho perder la fe, no religiosa, sino política. Era una cuestión emocional, no lógica. »

Que frágiles son las alegrías, tanto como la luz de un neón, un neón de un burdel, la gran metáfora de esta novela, y que veréis aparecer al cerrarse el día, cuando se tienen que pasar cuentas sobre lo realizado y lo que queda por hacer; ese neón que funcionará bien en dos ocasiones, dos fugaces alegría de nuestro chofer, Ramón, y que parpadeará, e incluso se apagará en el resto de las ocasiones pasando de la alegría a la desolación, la soledad, la tristeza en unas pocas horas.

«Los dos sabemos que los poderosos mutan de criterios rápidamente. »

Y casi para acabar apuntar el magnífico trabajo de documentación que ha realizado Juan que ha hecho que cada página sea un tesoro donde encontrar pequeños detalles que enriquecen la historia, que le dan verosimilitud, que nos explica el París de 1961.
Y magnífica la nota final dónde descubriréis que es verdad y que es ficción. Se lo agradezco a Juan. Siempre he dicho que una novela histórica necesita una nota final del autor para cerrar el círculo de realidad-ficción.

«Los malos recuerdos son como astillas clavadas bajo las uñas [...] finalmente se infectan dentro de nosotros. »

Y no me quiero alargar más. Simplemente invitaros a vivir la agradable y satisfactoria experiencia de leer La fragilidad del neón de Juan Laborda Barceló y editada por Alrevés Editorial.
No la dejéis escapar. Vale la pena el descubrimiento.


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