domingo, 13 de abril de 2014

Momento #31: Querido señor Germain



Hace tiempo que no publico Momentos, esos párrafos que te hacen pensar, esos que no dejas pasar, aunque también pueden ser pensamientos, o como en el caso de hoy: cartas.

Albert Camus obtuvo el Premio Nobel de Literatura en 1957. Pocos días después le envío la siguiente carta a su maestro de todas la vida, una carta que siempre que la leo me emociona y que como no, representa un Momento.


París, 19 de noviembre de 1957.

Querido señor Germain:

Esperé a que se apagara un poco el ruido que me ha rodeado todos estos días antes de hablarle de todo corazón. He recibido un honor demasiado grande, que no he buscado ni pedido. Pero cuando supe la noticia, pensé primero en mi madre y después en usted. Sin usted, sin la mano afectuosa que tendió al niño pobre que era yo, sin su enseñanza y su ejemplo, no hubiese sucedido nada de todo esto. No es que dé demasiada importancia a un honor de este tipo.

Pero ofrece por lo menos la oportunidad de decirle lo que usted ha sido y sigue siendo para mí, y de corroborarle que sus esfuerzos, su trabajo y el corazón generoso que usted puso en ello continuarán siempre vivos en uno de sus pequeños escolares, que, pese a los años, no ha dejado de ser su alumno agradecido.

Lo abrazo con todas mis fuerzas.

Albert Camus.


Y el maestro le respondió (extracto):

Mi pequeño Albert:


[…]Soy incapaz de expresar la alegría que me has dado con la gentileza de tu gesto ni sé cómo agradecértelo. Si fuera posible, abrazaría muy fuerte al mocetón en que te has convertido y que seguirá siendo para mí "mi pequeño Camus".

[…]Siempre has mostrado un pudor instintivo ante la idea de descubrir tu naturaleza, tus sentimientos. Cuando mejor lo consigues es cuando eres simple, directo. ¡Y ahora, bueno! Esas impresiones me las dabas en clase. El pedagogo que quiere desempeñar concienzudamente su oficio no descuida ninguna ocasión para conocer a sus alumnos, sus hijos, y éstas se presentan constantemente. Una respuesta, un gesto, una mirada, son ampliamente reveladores. Creo conocer bien al simpático hombrecito que eras y el niño, muy a menudo, contiene en germen al hombre que llegará a ser. El placer de estar en clase resplandecía en toda tu persona. Tu cara expresaba optimismo. [...]





Desgraciadamente, Albert Camus sufre un trágico accidente automovilístico en las cercanías de París (4 enero de 1960, con 46 años) muere.
Dentro de su automóvil llevaba un maletín negro, el cual fue encontrado en las cercanías del árbol donde se estrelló su auto. En el maletín junto a algunos objetos personales como unas cartas, su pasaporte y su diario, encontraron un manuscrito de 144 páginas difíciles de descifrar, por la falta de puntuación y la escritura rápida de Camus. El hallazgo no sólo significó el valor de una gran obra inconclusa, sino también lo último escrito por Albert Camus, quien falleció en el accidente.
En 1994, Tusquets publica: El primer hombre, gracias a que su hija facilitó el manual. Es allí dónde se encontraba la famosa carta que hoy he compartido con vosotros.


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