domingo, 18 de octubre de 2015

Ser o no ser escritor de género

Fotógrama de 'Hamlet' de Laurence Olivier


A mediados de noviembre publicaré en diferentes plataformas digitales mi primera antología en solitario, El principio del fin, y muchos pudierais pensar que siendo un lector acérrimo de novela negra la probabilidad y casi la seguridad de lo que yo escriba sea de género negro. Y no es así.

Yo no me considero un escritor de género. Me considero un escritor de corazón, un escritor de sensaciones, sin cerrar la puerta a ningún tipo de historia. Escribo por impulsos. Quizás no sea la mejor forma de escribir, pero de momento siempre lo he hecho así.
Por eso en El principio del fin podréis encontrar relatos que tocan diversos palos, aunque me resisto a etiquetarlos. Creo que es una mezcla que funciona bien, sobre todo por los diferentes cambios de registros, incluso en las voces de los narradores, así como en la forma en que están escritos.
Tampoco es que tuviera una idea clara de lo que quería conseguir en conjunto, ni que los relatos estuvieran escritos para la antología de forma premeditada, al contrario, la mayoría distan bastante en el tiempo. Lo que he hecho es seleccionar unos cuantos que guardaran cierta relación entre ellos. Se podría decir que el hilo que los une es muy fino, casi transparente, pero que todos llevan a ese principio del fin del título.

Escribía en su Facebook Alejandro Castroguer, último ganador del premio de novela ciudad de Jaén 2015 por su obra Glenn: «Antes de 2015 publiqué tres novelas de género: por orden, La Guerra de la Doble Muerte, El Manantial y El último refugio. Ninguna de ellas recibió nominación a nada, tal vez porque no se plegaron a los cánones, y porque yo nunca he formado parte de ningún grupo o asociación de escritores.
Ahora apuesto por una novela de autor, en torno a historia real de un pianista, y GLENN recibe no una nominación, sino un premio. ¿Y todavía hay lectores que me preguntan por qué me salgo del género?».

Escribía Isaac Belmar en su blog: «mi objetivo es escribir lo que me dé la gana, no hay otra manera de hacer esto. Y si lo que escribo va viendo la luz a través de editorial o mediante publicación propia, pues genial. Y mientras, eso, escribir lo que quiera. No aspiro necesariamente a llegar a muchos, pero sí a llegar hondo a unos pocos

¿Ser o no ser escritor de género?
Leyendo los comentarios de dos escritores curtidos en mil batallas diría que: ser escritor de género es subyugarte a él, encadenarte y quizás no dejarte crecer. A mí me gustan más los todo terrenos, esos que un día te escriben una policial y a la siguiente una de terror. Pero todavía me gustan más los escritores difíciles de encasillar en un género y que continuamente se les pretende encasillar en él cuando lo que están haciendo es muy simple: poner por escrito su voz.

No sé lo que opináis vosotros, pero yo creo que a todo escritor le gustaría ser reconocido por su voz, por su estilo.
Es complicado poner un ejemplo de este tipo de escritores, pero creo que escogeré tres, uno de cada estrato de consagración literaria. Cuando diga sus nombres entenderéis lo que os quiero decir.
José Saramago, Víctor del Árbol y Darío Vilas serían mis ejemplos de escritores con voz propia, difíciles de catalogar en un género.

Dejando aparte los que tienen voz propia, creo que en la actualidad la tendencia de las nuevas generaciones de escritores es ser más partidarios de la amalgama de géneros o inclinarse más por el cambio de colores de una novela a la otra.
¿Las razones?
Creo que tanto Alejandro Castroguer como Isaac Belmar apuntaban algunas ideas al respecto.
¿Cuál es la vuestra?



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