martes, 13 de marzo de 2018

#Reseña: Polvo - Patricia Cornwell

por Noelia Santarén

Hace varios años que no sé nada de la doctora Scarpetta por culpa de uno de sus personajes, que me llevó a abandonar la saga. De modo que he decidido retomarla por el tomo 21, Polvo. Ante todo, dejar claro que he leído todas sus novelas anteriores, excepto la nº20 -que se me coló. Y esta reseña no va a ser todo lo positiva que me hubiera gustado escribir.
Polvo. Bien por un lado y mal por el otro.

Bien por las ganas que tenía de volver a encontrarme con aquellos personajes que amenizaron muchísimas tardes de mi tiempo libre. Bien porque tenía ganas de leer el estilo Cornwell: policíaco, metódico, investigación pura y dura. Bien porque me apetecía reencontrarme con Lucy, mi personaje favorito de la saga.

Mal porque Cornwell se ha quedado atascada. Si ya la Scarpetta de hace 20 años me parecía un personaje engreído y muy pagado de sí mismo -aunque simpático-, ahora es tan presuntuosa que construye un muro. Una cosa es la seguridad en una misma y otra muy distinta es Scarpetta. Lo diré de otra manera, por mucho que lo intentes no permite que te acerques; ella es Dios y tú una mindungui. Y sigue siendo simpática, todo sea dicho, pero alguien debería chivarle que si ella deja de existir el mundo seguirá girando. De verdad, creo que eso no lo tiene muy claro.

Dicho esto, retomo la frase inicial. El culpable de que abandonara la saga es su marido Benton. Creo que no he conocido a alguien tan insufrible, a-mocional (carente de emociones, palabro inventado parla ocasión) y engreído. Tanto, que no es creíble ni siquiera como cliché (a no ser que en algún título futuro se revele que es un robot o un extraterrestre). Es una opinión -personal, claro está- que he compartido con otros lectores de Scarpetta y al darme cuenta de que no es tan subjetiva como creía, me he permitido anotarla. Muchos lectores odiamos a Benton y yo diría que es porqué va más allá de lo personal. Es decir, Marino no es santo de mi devoción, pero lo respeto, hace su función. En cambio, Benton no aporta nada ni a la saga ni a la protagonista. Lo bueno de tener personajes es que creen balance entre ellos, ya sea para bien o para mal. De esta dinámica surge la magia que hace que miles de novelas sean inolvidables. Benton no encaja ni con Kay (son muy parecidos y no se complementan), ni con Lucy y mucho menos con Pete, aunque con este último tal vez se le podría sacar partido, por contraposición, cosa que la autora no ha querido hacer. Para empezar, Cornwell ha desbancado a Marino al nivel de troglodita, que puede que lo sea un poco, pero tiene -tenía- el qué; Pete era auténtico en su estilo cavernícola. Respecto a Lucy, el personaje que podía dar más juego de la saga, ha sido elevada a la categoría de superheroína. Me encanta Lucy, pero empieza a adquirir matices de ciencia-ficción y eso no le va nada bien a este estilo de novela que pretende retratar el riguroso realismo. Si Lucy fuera un personaje de la saga Bond, me lo creería un poco más, pero aquí ya no cuela.
Una vez leí que la autora se veía reflejada en el personaje de Lucy. Pongo la mano en el fuego de que, si conociera a la Cornwell, sería clavadita a la doctora (solo hay que ver una foto suya), pero son suposiciones mías, claro…

En Polvo la investigación es interesante, la documentación exhaustiva, Patricia siempre hace los deberes. Mi pregunta es si los hace por rigor argumental o porqué necesita alardear de algo, ya que, si lo primero era la batuta que regía los títulos -dorados- de hace años, lo segundo es lo que se percibe en los últimos libros publicados. El lector ya no sabe si tanta información y palabreja técnica viene a cuento de algo o no.

Como he dicho, cogí con ganas la novela, pero avanzaba a trompicones ante el exceso de paja narrativa que Scarpetta imprime a sus diálogos. No sólo repite el avance de la investigación hasta el punto de hacerme sentir tonta (si no me entero de algo, retrocedo y lo vuelvo a leer, no necesito que me repitan las cosas como a un crío), sino que las dudas, miedos, inseguridades y tediosas descripciones de hasta los nombres de las calles, se hicieron soporíferas. Palabras y más palabras vacías que sólo ralentizaban el ritmo y la lectura. Me vi omitiendo páginas porque realmente quería leer la novela; no esa cantidad innecesaria de información sobre la personalidad de su marido, su fortuna familiar, la madre de Lucy, el pasado de Lucy… ¡información que se ha repetido hasta la saciedad en la mayoría de los títulos anteriores! Por dios, todo eso ya lo sé, lo has escrito decenas de veces, Cornwell.
De modo que justo en el ecuador de la novela, me pregunté, ¿qué estás haciendo, Cornwell? Te he leído desde el principio, creo que casi todos los que te leen actualmente son seguidores de la saga…, y o te estás quedando con nosotros o nos estás tratando de tontos.

Y, pese a todo esto, seguía con ganas de leer la novela.
Acabé el libro saltando muchas páginas -pero muuuchas- y puedo decir que la autora está patinando con sus últimas entregas. En este tipo de novelas el ritmo es algo sagrado, sin menospreciar la trama y la exhaustividad. En Polvo el ritmo no ha sido respetado y el resultado ha sido una lectura tediosa plagada de descripciones y de monólogos que noquean al lector, por muchas ganas que le imprima a la lectura. El final -bueno, si puede llamarse final ya que no hay clímax-, es malo y flojo. Decepcionante.

Polvo es una entrega más de la saga Scarpetta únicamente para muy fans. Totalmente prescindible.

Sé que a veces el lector se transforma en un niño malcriado que sólo pide y pide. Por si me ha sucedido esto, permitidme expresar que ser una escritora de renombre internacional, con más de 20 títulos a sus espaldas, no debe ser fácil; la presión de innovar y de gustar está tan presente como un piano sobre la chepa -digo yo, vamos. No obstante, no entiendo cómo precisamente alguien que lleva tantos años escribiendo comete errores de principiante…Estoy perdiendo confianza en la autora, tal vez porque siento que no me está tratando bien. Si cuando leo, me hacen sentir tonta, algo va mal.


Y como sigo con ganas de leer algo de la Scarpetta que me atrapó en un pasado, le daré otra oportunidad con el siguiente tomo La marca de la sangre. Que no se diga que corto cabezas a la primera de cambio…



                                                  HAZTE AQUÍ CON ELLA


 SINOPSIS
Kay Scarpetta, directora del Centro Forense de Cambridge, Massachusetts, ha vuelto a casa después de trabajar en la escena de uno delos peores asesinatos en masa de la historia de Estados Unidos, cuando el agente Pete Marino la despierta a una hora intempestiva. Un cadáver envuelto en una tela poco común ha sido descubierto en el campus del MIT, y se sospecha que se trata de la ingeniera informática Gail Shipton, que fue vista por última vez en un bar de la ciudad. Al parecer, la han asesinado cuando solo faltaban unas semanas para que comenzara el juicio millonario al que había llevado a sus ex gestores financieros, y Scarpetta duda que se trate de una casualidad.

Además, teme que el caso esté relacionado con su sobrina Lucy, un genio de los ordenadores. A simple vista no hay rastro de lo que pudo matar a Gail Shipton, pero el cadáver está cubierto de un polvo muy fino que bajo la luz ultravioleta emite un intenso brillo tricolor. Además, resulta evidente que alguien, de forma deliberada, ha colocado el cuerpo en una postura simbólica con el fin de causar el mayor impacto, y Scarpetta tiene motivos para creer que el responsable es el hombre cuyos asesinatos más recientes han sembrado el terror en Washington. El caso la llevará a adentrarse en el oscuro mundo de las drogas de diseño, el crimen organizado y la corrupción en las altas esferas.







¿Te gusta Cruce de Caminos? ¿Quieres seguirme como escritor? ¿Quieres participar en sorteos exclusivos?
Subscríbete a mi lista de correo y descubre sus ventajas







Publicar un comentario