martes, 8 de mayo de 2018

El ordenador etérico y salir de la zona de confort para no perderse ninguna buena historia


Por Noelia Santarén

Hace muchos años un profesor me dijo que la escritura -entendida en el sentido de literatura- parte de la tradición oral. Es decir, del interés por captar la esencia de las historias contadas. ¿A quién no le gusta una buena historia?, no en vano, Hollywood es una de las empresas más fructíferas del planeta; una empresa que se dedica a la fabricación de historias -buenas y malas.
El formato de las historias que nutren la tradición oral es amplio. Alcanza desde la anécdota explicada en la calle, la intimidad confesada junto a una jarra de cerveza, hasta las novelas, las series, las películas, las leyendas…

Parece que nuestra capacidad para consumir “cuentos” no tiene límites. Nacemos con pleno amor hacia las historias. Cuéntame un cuento, piden los niños de las cuatro esquinas del mundo. ¿Cuál es tu historia?, pedimos al entrar en la madurez. No importa cuáles sean las palabras, la pregunta tiene siempre la misma esencia. Y, ¿por qué ese anhelo por las historias? Porque nos ayudan a conocernos mejor. Unas nos permiten indagar en nuestras emociones. Emociones que, tal vez, no nos permitiríamos expresar nunca en público (o ni siquiera en la intimidad). Otras nos llevan a lugares desconocidos y nos ponen a prueba. Las historias nos arrancan de nuestra zona de confort y nos acercan a un límite. No son mentira, como dicen algunos; en la medida en que un libro o una película te desgarra y te destroza emocionalmente, no hay mentira que valga; todo se convierte en una realidad muy nítida -peligrosa o no dependerá de nuestros gustos.
Por ejemplo, las historias de terror nos ayudan a liberar adrenalina. Durante casi 20 años fui plena consumidora de todas las películas de miedo que caían en mis manos. Me dejaban en un estado de relajación que nadie a mi alrededor podía entender. Me sentía guerrera. Tal vez porque no me permitía expresar esa energía y las películas me ponían en evidencia que ese pedacito de mi carácter estaba muy vivo. Actualmente apenas veo una al año. No sé si me habré hecho vieja o que mi parte guerrera está conmigo en todo momento, pero ya no las necesito.
Las historias de amor nos sosegan el corazón, son como una bebida caliente antes de ir a la cama. Las de ciencia ficción despiertan nuestra imaginación y la nutren. Las comedias crean un espacio de confort donde relajarse y alejarse de los problemas. En fin, las historias tienen mucho que ofrecernos si las tratamos con el respeto que se merecen. No importa el formato, aunque siempre es recomendable salir de la zona de confort, puede haber mil maravillas perdidas por el extrarradio.

Conocí a un chico que se jactaba de no haber leído un libro en toda su vida. No creo que eso sea algo para alardear, pero ahí cada uno con lo suyo, claro. Lo que sí creo y creí firmemente cuando me lo dijo, es que no había encontrado su género, aunque seguramente prefería el formato audiovisual, que requiere menos esfuerzo. Estoy convencida de que todos tenemos por lo menos un género especial, aquel que nos roba el alma. Me encantaría que hubiera un ordenador etérico que nos ofreciera esa respuesta nada más nacer. Puede que lo tengamos y muy pocos le prestan atención, quien sabe…
En mi caso, a falta de un Harry Potter, empecé con las historias de los 7 Secretos, de Enid Blyton y no me gustaron. Los 5 Secretos ya empezaron a atraparme y, poco después, las novelas de Resuelve el misterio, aquellas que tenían la cubierta de color amarillo, cuya resolución del caso había que leer en el espejo, se me ganaron por completo (no confundir con las de Elige tu propia aventura,de la misma editorial, cubierta roja y azul; esas no me gustaban nada). Ellas fueron mi ordenador etérico. Recuerdo la ilusión de comprar el librito y esperar con ansias la llegada a casa para encerrarme en la habitación. ¡Creo que me hacía másilu que la noche de los Reyes magos!, se estaba forjando un monstruo lector dentro de mí y desearía que todos los niños del mundo pudieran sentir esa experiencia aunque fuera una única vez en la vida. Es la magia hecha realidad.
Desde entonces, cada día procuro salir un poquito más de mi zona de confort, no vaya a ser que me pierda alguna buena historia por esos caminos desconocidos que abundan por el extrarradio de mi mente.
Y a ti, ¿qué te dice tu ordenador etérico?



                            LEE OTROS ARTÍCULOS DE NOELIA




¿Te gusta Cruce de Caminos? ¿Quieres seguirme como escritor? ¿Quieres participar en sorteos exclusivos?
Subscríbete a mi lista de correo y descubre sus ventajas







Publicar un comentario